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11 marzo, 2025Charla en SEK Catalunya por Sant Jordi
Volver a tener 12 años creando mundos
Durante el pasado Sant Jordi tuve la oportunidad de compartir una charla muy especial con 80 alumnos de 1º de la ESO de SEK International School Catalunya.
En teoría, iba a hablarles de mi libro Los reinos de Gruhmnion. Eso me pidieron. Pero, en realidad, acabamos haciendo algo mucho más interesante: convertirnos todos en creadores de mundos. Y cuando digo todos, hablo también de los adultos que estaban en la sala.

Desde el principio tuve claro que no quería hacer la típica presentación donde un autor habla y los alumnos escuchan en silencio. Quería que participaran, que imaginaran, que construyeran cosas conmigo. Que sintieran que las historias no nacen por arte de magia ni pertenecen únicamente a “los escritores”, sino que cualquier persona puede crear universos, personajes y aventuras si se atreve a dejar volar la imaginación.
Así que la sesión se convirtió poco a poco en una especie de laboratorio creativo improvisado. Inventamos mundos. Creamos personajes. Pensamos criaturas imposibles. Imaginamos escenarios. Y, sobre todo, nos permitimos jugar con las ideas sin miedo a equivocarnos.
Lo más bonito fue ver cómo, en cuestión de minutos, desaparecía esa barrera que a veces existe entre “adultos” y “alumnos”. Durante un rato, todos volvimos a tener 12 años. Todos empezamos a lanzar ideas, reírnos, imaginar situaciones absurdas y construir una historia colectivamente. Y creo que ahí estuvo la magia de la charla.
Porque muchas veces asociamos la creatividad únicamente con el arte o la escritura, cuando en realidad tiene mucho que ver con la capacidad de imaginar posibilidades, conectar ideas y atreverse a pensar diferente. Algo que, curiosamente, los niños hacen de forma natural… hasta que dejamos de darles espacio para hacerlo. También me hizo reflexionar sobre algo importante: los jóvenes siguen necesitando historias. Siguen necesitando espacios donde imaginar, crear y expresarse. Y quizá ahora más que nunca.
En una época donde todo parece inmediato, rápido y digital, parar una hora para inventar mundos juntos se sintió casi revolucionario.
Me llevé muchísimo de esa mañana. Energía, ideas, espontaneidad y la confirmación de que la imaginación sigue muy viva cuando se le da espacio.
Y sinceramente, creo que todos los que estábamos allí salimos recordando algo importante: crecer no debería significar dejar de imaginar.


